JORGE GUINZBURG
JORGE GUINZBURG
PAI.00005

Hugo Paredero

JORGE GUINZBURG

la inteligencia rebelde

Jorge llevaba en el cuello una cadena con una estrella de David. Estaba circuncidado y tuvo su bar mitzvá. No era lo que podría llamarse un ortodoxo, pero sentía que el judaísmo era su identidad. Se decía creyente porque "a mí me gusta la explicación facilista de que alguien creó todo esto, no puedo ponerme a pensar que sea casualidad que existe algo tan perfecto". No dudaba de que, si existía el cielo y el infierno, a él le tocaría la mejor recompensa, pero, por las dudas, elaboró una teoría: "Pienso que el cielo de todas las personas no es el mismo; el cielo es cielo para cada uno". Pero esa fe no le ponía límites a su curiosidad. Y como buen insaciable, cuando se satisfacía con una respuesta brotaban nuevas preguntas. Y todos, absolutamente todos los caminos conducían al humor o provenían de él. Como lo recuerda en este libro Carlos Ulanovsky, "una eminencia de la réplica veloz y conmovedora, hombre-niño todavía en la edad de los porqués y de las preguntas. La suya era una cabeza que no se detenía nunca. Personalidad que cuando uno iba él ya había ido y vuelto tres veces. Tomador de riesgos. Jugador de todas las mesas y de todas las timbas creativas".