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AUGE Y CAÍDA DEL ANARQUISMO |

# 37 / NOVIEMBRE 2005
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Juan Suriano
AUGE Y CAÍDA DEL ANARQUISMO
Argentina, 1880-1930
Durante la primera década del siglo XX, y en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, se generaron en Argentina todo tipo de tendencias contestatarias. Socialismo, sindicalismo revolucionario y anarquismo encontraron, en esa época, un caldo de cultivo altamente favorable. Y lo hicieron al calor de la protesta popular y la confrontación entre la nueva e incipiente clase obrera con los patrones y el Estado. El prestigioso historiador Juan Suriano da cuenta de ese fenómeno y, con amplitud de miras, hace foco en el anarquismo vigente entre los años 1880 y 1930. El autor concibe a los anarquistas como militantes más dados a la acción pasional que a la serena reflexión, dispuestos siempre a instaurar una cultura de conflictos en competencia constante con otras organizaciones. Mientras los factores de rechazo alternativo perduraron, las propuestas de este movimiento resultaron atractivas para los trabajadores y otros sectores sociales permeables a la prédica antisistema del todo o nada. Juan Suriano es doctor en Historia. Profesor de Historia Social General en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA e Investigador del Instituto Ravignani de la misma universidad. Director y Profesor de la Maestría de Historia del Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM).
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AUGE Y CAÍDA DEL ANARQUISMO |

# 2
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Juan Suriano
AUGE Y CAÍDA DEL ANARQUISMO
Argentina 1880 - 1930
Durante la primera década del siglo XX y en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, se desarrollaron en Argentina todo tipo de tendencias políticas contestatarias: socialismo, sindicalismo revolucionario y anarquismo encontraron en esa época un caldo de cultivo altamente favorable. Y crecieron al calor de la protesta popular y la confrontación entre la incipiente clase obrera, por un lado, y los patrones y el Estado, por el otro. El historiador Juan Suriano da cuenta de este fenómeno que transcurre entre los años 1880 y 1930, haciendo foco en el movimiento anarquista. El autor concibe a los militantes anarquistas como más dados a la acción pasional que a la reflexión serena, siempre dispuestos a la instalación de una cultura del conflicto y a la ocupación de espacios carentes de otras presencias institucionales (Estado, partidos políticos, organizaciones religiosas). Y mientras perduraron los factores de aquella conflictividad, las propuestas del anarquismo mantuvieron su vigencia y resultaron atractivas para una gran cantidad de trabajadores.
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