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Sonia Santoro
Y UN DÍA ME CONVERTÍ EN ESA MADRE QUE ABORRECÍA
Si no oponemos resistencia a esos mandatos culturales
contradictorios que nos perforan el cerebro, haciéndonos sentir que
algo anda mal cuando no anda todo perfectamente bien, viviremos
nuestras maternidades desde afuera, como espectadoras de un
espectacular proceso de cambio de nuestras propias vidas. La tiranía de la maternidad se asoma entonces. En lugar de enfrentar
los momentos difíciles, tantos momentos difíciles en los que sentimos
que no estamos a la altura de las circunstancias, con nuestra propia
voz interior, lo hacemos con un párrafo del libro Yo amo a mi bebé o
similares. En palabras más simples, si no oponemos resistencia, nos
comerán el coco con la culpa. De eso se ha tratado siempre, amigas, madres, no madres, amantes,
solas, trabajadoras, desocupadas, pacientes, tolerantes, iracundas o
rayadas. De hacernos sentir culpa porque no encajamos con la idea
de madre tierna y en éxtasis por la nueva gracia que hace el niño o el
blanco de sus medias.
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