Télam 16.09.2015

"No se puede analizar el antisemitismo y la islamofobia por separado"

En Discutir Houellebecq. Cinco ensayos críticos entre Buenos Aires y París, el crítico cultural francés Guillaume Boccara usa la figura pública del escritor y autor de Sumisión para estudiar los nuevos modos de segregación y racismo que operan no sólo en Francia sino en Europa y sus espacios poscoloniales que redundan, estos días, en una crisis fenomenal de deportaciones y traslados compulsivos de eventuales migrantes.

El libro, publicado por la editorial Capital intelectual, también cuenta con ensayos de los argentinos Hernán Vanoli y Nicolás Mavrakis, y de sus compatriotas Judith Revel y Eric Fassin. 

Boccara es antropólogo (obtuvo un doctorado estudiando el caso de los mapuches en Chile), y lee la obra de Houellebecq no sólo desde el punto de vista estético, aunque parece dudar que la separación entre categorías (estética, política) tenga mucho sentido.

Discutir

Esta es la conversación que sostuvo con Télam.

T : En principio, ¿cómo contextualizar los episodios en la redacción de Charlie Hebdo bajo la perspectiva de la última novela de Michel Houellebecq? 

GB : Me parece que Houellebecq logra percibir algunos movimientos de fondo de la sociedad francesa actual. La racialización, la radicalización religiosa, la construcción de identidades políticas alrededor de referentes exclusivos de tipo étnico-cultural. Ahora bien, lo que también me parece es que existe un limitante en la aproximación houllebecquiana de la realidad social francesa: no toma en cuenta el proceso histórico de producción de la diferencia y de la radicalización. Las identidades políticas tienen una génesis. Es por ello que no se puede afirmar que Houellebecq es un sociólogo. Primero, porque no se interesa por los procesos socio-históricos de constitución y de estructuración de las diferencias socioculturales. Segundo, porque su aproximación no es reflexiva y no se objetiva como agente social. Tercero, porque no busca restituir el conjunto de los puntos de vista. Por ejemplo, en su última novela, solo restituye el punto de vista del profesor y no de los jóvenes racializados. Siempre existe un punto ciego en las novelas de Houellebecq. Eso no sólo es culpa de él. No es un reproche que dirijo solamente a él. Es culpa de la gente que quiere hacer de Houellebecq una especie de sociólogo crítico o incluso de gurú o de adivino. Pero hay que reconocer que a Houellebecq le gusta jugar con la ambigüedad. Le encantan los enunciados ambiguos, vagos y que pueden ser sujetos a múltiples interpretaciones. En una palabra, le gusta provocar, como dijo Tomás Abraham. Tanto en sus novelas como en sus entrevistas.

Ultimamente ha repetido varias veces que era islamófobo. Decir eso a secas puede ser interpretado como una legitimación del racismo anti-árabe o anti-musulmán. Pero luego dice que es islamófobo en el sentido de que le tiene miedo o pánico al islam tal como está evolucionando actualmente. Y desde este punto de vista, uno no puede no estar de acuerdo con él. Pues lo que algunos individuos o grupos hacen en nombre del Islam es absolutamente horroroso, es totalitarismo puro. Pero en el contexto de racialización de las relaciones sociales en la Francia de las últimas tres décadas y de presencia electoral cada vez más masiva del Frente Nacional, partido político de la extrema derecha, que despliega una concepción claramente etno-cultural y etno-diferencialista de la pertenencia nacional, lo que dice y escribe Houellebecq puede ser mal interpretado. O mejor dicho, deja mucho margen de maniobra para que sea interpretado como una justificación de los actos y de las representaciones racistas y anti-musulmanas. Al decir que las cosas son tales como son, tiende a reforzarlas y esencializarlas. Tiende a darlas por sentadas y no como construcciones socio-históricas. 

T : Subrayo, y repito una de tus preguntas: ¿islamofobia estructural vs. antisemitismo residual? Agrego: ¿por qué no antisemitismo estructural vs. islamofobia de coyuntura? 

B : Lo que digo en mi capítulo, criticando a algunos autores de la izquierda poscolonial (Alain Badiou, Dominique Vidal, Enzo Traverso, Vincent Geisser, Sophie Wanich, Nacira Guénif), es precisamente que existe un antisemitismo de un nuevo tipo y que es tan estructurante como la islamofobia o el racismo anti-árabe y anti-musulmán. Según algunos autores de esa izquierda, el antisemitismo pareciera haber desaparecido en tanto que figura central del racismo. Habría sido reemplazado por la islamofobia. En pocas palabras, mientras el antisemitismo representaría una forma residual y no sistémica de discriminación, la islamofobia habría llegado a ser la forma paradigmática de la discriminación y de la dominación en contra de un "Otro". Un "otro" interno cuya diferencia cultural, étnica y religiosa sería irreductible. 

Pienso que estas afirmaciones son erróneas. No tienen fundamentos empíricos y son políticamente peligrosas. Creo que después de los atentados en contra del supermercado kosher en Paris, de la matanza en la escuela judía de Toulouse, del atentado en el museo judío de Bruselas, del secuestro y asesinato de un joven judío por un pandilla que se autodenominaba "el gang de los bárbaros", es imposible seguir diciendo que el antisemitismo es residual en la Francia de hoy. Yo me atrevería a decir que el antisemitismo se ha convertido en un componente fundamental de la identidad política de algunos jóvenes desafiliados de las periferias de las grandes urbes. Insisto, no es un componente que existe desde siempre. En tanto elemento en la construcción de la identidad política de algunos jóvenes desafilados poscoloniales, no es un elemento cultural que haya existido desde siempre. Es el producto de la historia tanto larga como reciente de Francia, en la metrópolis y en el antiguo espacio colonial. Una historia marcada, obviamente, por el viejo fondo de antijudaísmo que existía en los países árabes donde los judíos eran sujetos legal y socialmente inferiores, y por la emergencia de un nuevo tipo de antisemitismo alimentado por el conflicto israelí-palestino. Por lo tanto, me parece que no se puede analizar el antisemitismo y la islamofobia por separado. Existen en un espacio relacional y se determinan el uno al otro. Mientras algunos se focalizan sobre el estudio y la denuncia de la islamofobia, otros se concentran sobre el estudio y la denuncia del antisemitismo. 

T : Lo estamos viendo: esta cuestión no parece particularmente francesa, pero ¿cuál es el sesgo que enfoca el autor de "Sumisión"? 

B : ¡Creo efectivamente que el esencialismo y la tentación fascista no es obviamente algo exclusivamente francés! Es una dinámica global. Cuando se remiten sistemáticamente los problemas sociales, políticos y económicos a supuestas causas culturales, religiosas o étnicas (para no decir raciales porque la palabra es tabú), se funciona dentro de una lógica naturalista que implica dos cosas: aceptar las cosas como son, puesto que son naturales, y en consecuencia, no hay nada que hacer. Congelar y rigidificar las fronteras grupales y sociales y por lo tanto fijar las identidades en el tiempo, excluyendo todo tipo de circulación, mezcla o interdigitación. Y finalmente, eso conduce a no concentrarse sobre los verdaderos problemas sociales y económicos de desigualdad, explotación, destrucción del medio ambiente, violencia contra las mujeres. En resumidas cuentas, diría que hoy, como siempre, el mayor enemigo es el esencialismo y la naturalización de la dominación que conduce al fatalismo ("es lo que hay", "las cosas son así"), la ausencia de responsabilidad y la impunidad. 

T : El discurso del capitalismo es amo y dueño de casi todo el planeta. En tu opinión, ¿cómo opera la religión, para Houellebecq, en ese tinglado? 

B : Me parece que Houellebecq no presta atención a los nuevos mecanismos de explotación y dominación que existen en nuestras sociedades, donde el sufrimiento humano no solo tiene que ver con el hecho de que no hay utopías o grandes narrativas, sino con el hecho de que los trabajadores se encuentren cada vez más explotados, humillados, aplastados, solicitados, responsabilizados, controlados, evaluados, menospreciados, ninguneados, burlados mediante falsos mecanismos de partipación y mediante técnicas de management absolutamente perversas. En la lógica neoliberal dominante, el individuo debe ser cada más eficiente, productivo, responsable, racional, competitivo, competente. Tiene que funcionar como una pequeña empresa. Ser, como lo han mostrado Etienne Balibar, Christian Laval y Pierre Dardot, Wendy Brown o Tomas Lemke, un emprendedor de sí mismo. No es que haya una crisis de las grandes creencias y que el hombre no pueda vivir sin grandes relatos o sin dioses. Es que hay un incremento de las desigualdades. Hay un miedo y una inseguridad permanentes. Esos son los mecanismos que conducen a una cantidad cada vez mayor de personas a encontrar un consuelo en comunidades étnicas o religiosas exclusivistas y racistas.